Vayamos rapidito queridos lectores, antes que las gotas de sudor de mi frente caigan sobre el teclado y produzcan un cortocircuito y este a su vez una descarga eléctrica que me deje sin ganas para tomarme una cerveza, o lo que es aun peor afecte a mi neocortex y me dé por enarbolar banderas al grito de «viva el clasismo». Empiezo con dos deseos después de los dos puntos: 1º deseo que ninguno de ustedes se haya derretido. 2º    Deseo que la buena gente de Ciutadella pueda disfrutar de sus fiestas después de dos años de ausencia, y pegadito a este deseo un subdeseo, que a pesar de la inmensa afluencia que se espera todo transcurra sin sucesos chungos significativos. Por mi parte ya saben que soy más de petit comité que de grandes aglomeraciones y más de cerveza que de «gim amb llimonada», pero ver disfrutar a la gente produce disfrute ajeno, así que ahí lo dejo.

Expresados mis deseos les tengo que confesar que el otro día sentí autentica vergüenza, una joven bióloga me hizo una encuesta cuya primera pregunta fue: ¿cuántas científicas conoces? Boom, toma ya, solo fui capaz de decir a Marie Curie, como al parecer el 90 por ciento de los encuestados, ni siquiera me acorde en ese momento de Hipatia de Alejandría, la matemática y astrónoma que se mereció además de una película de Amenábar, el llevar el nombre de un ferry de Balearia. Joder, no me enseñaron ni una sola científica en el bachiller, y ni una sola filósofa en la Universidad con la excepción de la media hora dedicada a María Zambrano, a la que han dedicado una estación de AVE en Málaga, toma historia heteropatriarcal de hombres blancos muertos.

Creo que cuando uno se topa de cara con su ignorancia lo mejor es ponerle remedio y no empecinarse en decir gilipolleces sin tener la mas remota idea de lo que habla, para eso ya tenemos un buen muestrario de personajillos públicos que lo hacen, así que le pedí a Ángela, la joven bióloga, que por favor me ilustrara. Me mandó el incide de un libro, pensado para niños,    que explicaba de forma breve y sencilla, al nivel de mis conexiones neuronales, las grandes aportaciones que han realizado mujeres como la naturalista María Sibylla Merian, la matemática Mileva Maric, la informática Grace Hooper, la química María Teresa Toral, la física Suan Lan wu, la astrónoma Vera Rubin y un largo etcétera que no me cabe en este artículo.

Mujeres que no han sido estudiadas en los colegios ni han tenido todo el reconocimiento que se merecen por el pecado de no ser hombres, esto es así, aquí y en Tombuctú, por más que parezca lo contrario en unos tiempos donde las ideologías machistas más retrogradas lo están petando y se están quedando con todo el poder. «Uy, uy, Cabezas respeta el juego democrático, si los partidos que ganan son lo más carca y reaccionario que te puedes echar a la cara tienes que aceptarlo» (releer esta última frase con tono burlesco). Claro que lo acepto, pero aceptarlo no me impide señalarles con el dedo para decirles que juegan con las cartas marcadas y que ejerceré el derecho a réplica por respeto a todas las personas que se dejaron el culo, y la vida, para que la sociedad avanzara hacia mayores grados de justicia y libertad.

Además, soy un bocazas irremediable y con las injusticias se me retuerce algo en el estomago y la cerveza me sabe peor. Así que mientras este periódico siga respetando mi libertad de expresión, y no haya problemas de suministro de lúpulo, aquí estaremos cual mosquito tigre toca pelotas y cansino. Feliz jueves.