Yo tengo un máster. Yo tengo un máster que me lleva a la bahía, que me dice 'vida mía', que me dice qué calor, qué calor que tengo, qué guapa soy y qué ritmo tengo. El alboroto que ha despertado el caso de Cristina Cifuentes es el enésimo triunfo del tontismo en este país. Me explico, que le damos más importancia a esto, al fútbol o a los rifirrafes Reales que a los problemas que nos asfixian. Y tan satisfechos, oye.

Es verdad que un cargo público, o una carga pública, supuestamente mienta en su currículum es feo. Y peor cuando te pillan y los argumentos están más cojos que un pirata con pata de palo. Pero también es cierto que uno de los pocos trabajos para el que no te piden ningún tipo de acreditación o experiencia es para aquel que va ligado a los puestos de gestión públicos. Se valora más, por ejemplo, unos buenos contactos que deriven en un enchufe con garantías que la cantidad de títulos académicos que pueda acumular el supuesto candidato o candidata.

Por el contrario, acumular diplomas, títulos y menciones tampoco sirven de garantía para que la persona se convierta en un excelente gestor. Será muy lista, estará muy preparada académicamente pero no te asegura que sea una persona eficiente en la administración pública.

Cristina Cifuentes está en un marrón porque en su caso parece que se está mostrando lo que durante años ha sido un secreto a voces y es que hay algunas titulaciones en las que se pueden negociar las condiciones para obtenerlo sin necesidad de cubrir lo que cubren el común de los mortales.

Ahora, yo estoy en un problema similar. No tengo ni puñetera idea de dónde está mi trabajo de final de máster, dudo de que se lo comiera mi perro, pero la verdad es que si me lo exigieran en algún trámite me pondrían en un apuro porque sé de qué lo hice, pero no sé por dónde para. A mí me salva, creo, que algún profesor me recuerda en esos meses que pasé por Alaior cultivándome como persona apta para ejercer como docente. Eso y que todavía conservamos el grupo de Whatsapp con los compañeros de clase y que soy la persona más buscada en los despachos de la UIB de Alaior porque llevan meses persiguiéndome para que pase a recoger el título. A ver si es de esta…

Pero volviendo al principio, si nos preocupa más si un político cuenta o no con una titulación en lugar de valorar cómo está siendo su gestión, resume cuáles son nuestras prioridades. Y el revuelo de Madrid tiene un tufo muy desagradable e interesado.


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