Las tortugas marinas que llegan a los centros vivas a veces necesitan ser intervenidas quirúrgicamente. | Palma Aquarium

Las tortugas marinas son uno de los animales más longevos del planeta. Sin embargo, esta característica no les impide estar en peligro de extinción. Seis de las siete especies vivientes de tortugas marinas están incluidas en la Lista Roja de Especies Amenazadas por la    contaminación de los océanos, el cambio climático, la pesca y el tráfico ilegal.

En el Mediterráneo, estos animales son igual de vulnerables que en el resto del mundo. De hecho, en lo que llevamos de año, se han registrado unos 50 varamientos de tortugas marinas por distintas causas en aguas de Balears. Concretamente, en Menorca se han avistado diez —nueve tortugas comunes (Caretta caretta) y una laúd (Dermochelys coriacea)— y tan solo tres han podido sobrevivir.

Cinco de ellas murieron por traumatismos, capturas accidentales o por causa desconocida debido al estado de descomposición en el que fueron encontradas. Otras dos fallecieron pocos días después de haber sido rescatadas por la gravedad de sus lesiones, según cuenta Xisca Pujol, responsable del Centro de Recuperación de Fauna Marina de la Fundación Palma Aquarium.

En las instalaciones del Centro —que presta su servicio bajo la dirección del Consorcio para la Recuperación de la Fauna de las Islas Baleares— es donde los animales atendidos previamente por el Centro de Recuperación de Menorca siguen los tratamientos pautados por los veterinarios. La estancia de cada tortuga marina depende de su recuperación y solo son liberadas cuando reciben el alta veterinaria.

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De las tres tortugas marinas avistadas en la Isla que han logrado resistir, tan solo una ha podido regresar al mar. Otra ha tenido que ser intervenida para amputarle una aleta, debido a la necrosis que le causó un enmallamiento, la principal causa de varamiento de estos animales.

Muy a menudo, las tortugas quedan atrapadas en las llamadas «redes fantasma», que suelen ser artefactos de pesca abandonados o perdidos en el mar. «Estas redes les causan la estrangulación de alguna parte de su cuerpo, generalmente las aletas o el cuello», explica Xisca Pujol.

En 2020, más de la mitad de las tortugas marinas vararon debido a enmallamientos. En 2021, aunque el porcentaje bajó al 36,11%, continuaron siendo la principal causa de varamiento de estos animales. «En 2022, llama la atención que 17 de las 24 tortugas atendidas vivas en Balears son por enmallamientos», comenta Pujol.

Los equipos de profesionales recuerdan que, en caso de encontrar una tortuga enferma o herida, lo primero que hay que hacer es dar aviso al 112 para que se inicie el protocolo de rescate de fauna marina. También que nunca hay que quitar lo que les esté causando el enmallamiento.

El apunte

«Es difícil que las tortugas vuelvan a anidar en Menorca»

El responsable de Medio Marino del GOB, Víctor Carretero, explica que «aunque no es imposible, es difícil que las tortugas vuelvan a anidar en Menorca». La presencia humana y de embarcaciones en la costa evita que estos animales se acerquen para desovar en las playas menorquinas, tal como hicieron en 2020.

«Durante la pandemia, las playas no estaban masificadas y tampoco había un gran movimiento en las aguas», aclara Carretero, quien agrega que este hecho favoreció que las tortugas se acercaran y nidificaran hasta en dos ocasiones, una en Punta Prima y otra en la playa de Cala Pilar.

«Para este verano, teníamos esperanzas porque las tortugas suelen poner huevos cada dos años», explica Carretero. Sin embargo, advierte que, aunque dos tortugas anidaran en Menorca, no significa que este hecho se vuelva a repetir con frecuencia.

Las condiciones ambientales en la Isla no son las mejores para garantizar una incubación óptima y asegurar la supervivencia de los neonatos. Si bien las playas del sur no alcanzan la temperatura idónea para incubar los huevos, «las del norte, en principio, sí», aclara la bióloga Xisca Pujol.

La temperatura es un factor clave, porque determina el éxito del nido y el sexo de los neonatos. «A menos de 29 grados solo nacen machos y por encima de esa temperatura solo hembras», detalla Pujol.